Cuando nos conocimos no pensé que iba marcar un etapa de mi vida; pensé que era una persona más que conocía. Por esa época estaba dolida por situaciones en mi vida, era orgullosa y me interesaba poco tener amigos, dudaba mucho de las personas y prefería no abrirme para evitar llevarme decepciones.
Esta persona era alegre, muy sincera y algo torpe en sus comentarios; me causaba cierta ternura, me parecía una típica niña que quería caerle bien a todos; y valgan verdades siempre detesté a los hipócritas. Sin embargo, simplemente hicimos clik... sí, en poco tiempo la niña fue cayéndome bien, el hielo que protege mi corazón se hacía delgado con ella, me hacía reír mucho y pocas veces me cuidaba de soltar una carjada sincera. Creo que ella sintió lo mismo.
Me han dicho muchos que soy una persona que pone barreras en sus relaciones interpersonales, pocos me conocen y ella despertó en mí mucha simpatía. Al poco tiempo la sentí "amiga", solo seis meses compartí seguido con ella y me fue suficiente para saber que tan importante era y sigue siendo. Ha llorado y mi espíritu ha sufrido a su lado, hemos reído y he sentido una alegría enorme. A veces pienso que es más como una hermana pequeña o como una hija, somos diferentes y eso hace que todo sea más interesante, he aprendido a tolerar mucho gracias a ella.
No somos como el agua y el aceite pero somos diferentes y es bonito saber que el lazo que nos une es totalmente desinteresado y verdadero... y después de ella entendí que existen personas que siempre nos enseñan, que un día simplemente se aparecen y pueden quedarse siempre con uno... eso... es un milagro, y sí creo en ellos.
Eres una persona importante, gracias por existir...
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